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Fórmula del Emprendedor = Inspiración + Duro trabajo

Cuántos de nosotros andamos buscando la idea que nos catapulte al éxito personal y empresarial. Deseamos con todas nuestras fuerzas encontrar aquella actividad laboral que nos engrandezca y haga feliz nuestra existencia. Aquella idea moldeada por el trabajo, que convertida en pasión paraliza el tiempo, obviándose todo lo demás porque por unos instantes ocupa un segundo plano. Un lugar superfluo, decorativo, sin protagonismo en la trama de nuestro momento inspirador.

La inspiración como la felicidad es momentánea. No somos felices todo el tiempo, sino que sentimos atisbos de este estado. Con el fenómeno inspirador ocurre exactamente igual. No nos levantamos concertando una cita con la dama Inspiración, en la que seremos sencillamente geniales, eficaces, creativos y excelentes. Sólo nos concederán una cita, una oportunidad para conocerla si estamos respaldamos por el duro trabajo. Como decía Picasso, “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

Desde que decidí convertirme en emprendedor he observado a tantos como yo con ideas geniales. No obstante, por desgracia la mayoría de ellas van languideciendo con el paso del tiempo hasta que finalmente mueren. Y con profunda  tristeza las despedimos dejándolas cruzando junto al barquero Caronte el río que las llevará al Inframundo, para no retornar jamás. Alegorías mitológicas aparte, convertir una idea de negocio en una realidad empresarial, es sencillamente difícil. Pero esa dificultad, no ha de ser tediosa sino motivadora. Contamos con un recurso inagotable nuestro trabajo diario. Y entre nosotros, éste persistirá como el primer día si mantenemos la ilusión.

En lo que va de año he asimilado gran cantidad de conocimientos en materias antes desconocidas para mí. Cada día crezco un poco más y esto me ha permitido fabricar mi propia receta para emprender con las máximas garantías de éxito. A continuación os detallo la fórmula:

1)      Las ideas no vienen de la nada. Las musas no siempre acompañan, así que mira a tu alrededor y descubre. Nos nutrimos de los demás, por lo que desarrolla la capacidad de escucha.

2)      Si no emprendes la idea cuanto antes perderás la oportunidad.

3)      Apunta alto desde el principio si quieres llegar.

4)      La imaginación y no el dinero deberá ser la principal herramienta de trabajo.

5)      No tengas miedo al fracaso, éste no es más que una forma de aprendizaje.

6)      Especialízate en un único producto o servicio y focaliza en él toda la atención.

7)      Sé paciente en la impaciencia.

8)      “Sin quieres ir rápido camina solo, si quieres llegar lejos ve acompañado”. La importancia de elegir bien a la gente que te rodea es crucial para conseguir el éxito. Rodéate de personas de confianza, comprometidas, que compartan tu visión. Con habilidades diferentes pero complementarias.

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¿Quién se ha llevado mi queso?

Hoy ha sido unos de esos días que durante el largo trayecto a casa en el autobús, en lugar de trabajar, me he quedado absorto recordando una escena pasada de mi vida. He viajado en el tiempo al primer año de carrera en la Universidad, y en concreto, a la asignatura de organización y gestión de empresas turísticas. La verdad, siempre me he caracterizado por tener buena memoria retentiva.

Recuerdo como si fuese ayer, una clase en la que se explicaba la importancia del cambio organizacional en las empresas. Para su comprensión nuestro mentor nos recomendaba la lectura de un libro del gran Spencer Johnson, que seguro conoceréis “¿Quién Ratón Emprendedorse ha llevado mi queso?”. A modo de fábula y como si de un cuento se tratase, se relata la historia de dos ratones (Fisgón y Escurridizo) y dos liliputienses (Hem y Haw). Todos ellos son habitantes de un laberinto, que recorrerán en búsqueda de depósitos llenos de queso. En ese esfuerzo, encuentran uno de estos depósitos y es entonces cuando se perciben diferentes actitudes en nuestros personajes. Los ratones, astutos, aún teniendo garantizadas las reservas de queso durante un tiempo, deciden seguir buscando en el laberinto nuevos depósitos, pues entienden, los límites de las reservas. Algún día se agotarán. Sin embargo, nuestros amigos liliputienses, acomodados en su zona de confort, no hacen nada, a pesar de ver mermadas sus provisiones. Finalmente, los ratones constantes en su trabajo, disfrutaron de nuevos, abundantes y mejores quesos. Haw aunque tarde, supo reaccionar y con mucho esfuerzo pudo reencontrarse de nuevo con los ratones. Pero, Hem terco y obcecado, no se adaptó al cambio ni buscó soluciones. Esperaba que la situación se arreglara por sí sola.

Estoy convencido de que en alguna parte de nuestra andadura hemos sido Hem. No quisimos salir de la zona de confort, porque el cambio causa temor y miedo. Ahora tras haber perdido el empleo, lo único que hacemos es recordar un pasado mejor, ya remoto. Y no vemos la oportunidad que se nos está brindado para hacer realidad nuestros sueños. Somos emprendedores necesarios y el mundo ahora más que nunca necesita de personas como nosotros, con inventiva y talento. Dispuestos a aportar valor a nuestra comunidad.

Decide ahora ¿quién eres tú?